Chacarita ganó uno de esos partidos que significan más que tres puntos. Lo hizo con un primer tiempo contundente y con un segundo tiempo a puro aguante. Nosotros en la tribuna, alentando al unísono y bancando con los 11 de campo. Un deja vú de viejos y mejores tiempos futbolisticos.
Jugar primero en la pelea por el descenso no hace más que inyectar una dosis extra de tensión al cuerpo, una carga difícil de llevar por la obligación de ganar. Sin embargo, la victoria del último sábado ante Deportivo Maipú trajo consigo un alivio necesario que, horas más tarde, terminó por multiplicarse con los resultados del resto del fin de semana.
Pero la calculadora puede esperar; lo importante pasó por lo que demostró el equipo dentro de la cancha, al menos durante esos primeros 45 minutos en los que Chacarita jugó exactamente como se lo pedimos, como lo demanda nuestra historia: con actitud, yendo a buscar, presionando alto y generando situaciones de riesgo.
Es cierto: si este equipo fuera más efectivo, no estaríamos hoy con la soga al cuello. Y si esa intensidad de la primera mitad se hubiera sostenido todo el encuentro, hoy respiraríamos mucho más holgados. Pero la realidad es la que es, y a esta altura del torneo no podemos permitirnos fantasear con escenarios ideales.
En ese primer tiempo furioso, con un Domínguez convertido en la punta de lanza de la presión, sumado al despliegue constante de Meléndez y Alfonso, pero fundamentalmente con un Cuello incansable saliendo a cubrir espacios, Chacarita ganó el duelo en la zona de tres cuartos de cancha y puso en aprietos al rival en reiteradas ocasiones.
No obstante, en esta categoría los partidos se ganan con efectividad. El desahogo llegó en la cabeza de ese 9 al que se le podrán cuestionar muchas cosas, pero jamás la entrega. Su grito de gol, con los ojos casi llenos de lágrimas, sintetizó el sentir de todo San Martín. Un centro perfecto del 8 culminó en una estocada que coronó un dominio abrumador en la etapa inicial, un lapso donde merecimos irnos al descanso al menos con un gol más de diferencia.
Ya en el complemento, por mérito lógico del rival y también por algunas concesiones propias, el equipo se fue replegando en el terreno. Tocó aguantar con una concentración absoluta y un desgaste físico total. Allí se destacaron tanto Chaves (para mí, la gran figura de la tarde) y un Facello sólido y firme, que probablemente haya jugado su mejor partido desde que viste la camiseta del Funebrero.
En el análisis fino, claro está, queda el debate táctico. En mi opinión, Rondina se equivoca en el primer cambio: el que debía salir era Guanca (quien por el retroceso del equipo no pesaba en ataque ni aportaba en la marca, que no es su fuerte), y no Alfonso, a pesar del evidente cansancio de este último. Esa modificación dejó al equipo temporalmente desnivelado por la izquierda.
Chacarita vive. Chacarita respira. Y, lo más importante, una vez más depende exclusivamente de sí mismo. Lo que viene es Temperley, un rival duro, que pelea arriba, jugando en su cancha, obligado y con un cierre de temporada que muestra algunas dudas. Sabemos que es difícil, ¿pero quién te dice?
Mientras tanto, que nos sigan velando antes de tiempo. Nosotros, como siempre, todavía cantamos.



