Chacarita ganó con alma, corazón y garra en Turdera para dejar por primera vez en mucho tiempo la zona de descenso a una fecha para el final y sin depender de los rivales. Queda un fecha, una bala más, a seguir así.
Había que ponerse el overol, meter la mano en el barro y apelar a lo único que nunca se negocia en este club: el amor propio. Íbamos a Turdera con la mochila pesada, con el fantasma del descenso respirándonos en la nuca, visitando a un Temperley encumbrado, con jerarquía, peleando arriba y sabiendo que todos nos daban por muertos pero se olvidaron de algo fundamental: Somos Chacarita. Y cuando más nos dan por muertos y no entienden que la camiseta tiene fuego en el pecho siempre tenemos algo más para dar.
Desde el pitazo inicial quedó claro que esto no iba a ser un trámite para nadie. El primer tiempo fue una lección de ajedrez táctico. Los dirigidos por Rondina salieron con el libreto bajo el brazo, con el check verde de hacer exactamente lo que se debía hacer. Nos paramos firmes, con un orden defensivo que rozaba la perfección, achicando espacios y ahogándole los circuitos a un rival que no entendía por dónde entrarle a un equipo bien plantado.
Y no nos quedamos solo en cuidar el cero, eh. Ya en esos primeros cuarenta y minutos le generamos varios dolores de cabeza en su propia casa. Faltó afinar la mira, es cierto, perdonamos en un par de chances claras, pero el mensaje ya estaba dado: Chacarita vino a aguantar, vino a jugar y a ser protagonista.

En el arranque del complemento, lógicamente, el local hizo pesar la jerarquia. Empujado por su gente y por la urgencia, el Celeste quiso apretarse el cuello y nos sometió a unos minutos de zozobra, donde metieron esa jugada clarísima, un cabezazo que milagrosamente se fue por encima del travesaño, que nos hizo detener el corazón a todos los que vinimos a sufrir y a soñar.
Pero este equipo tiene otra templanza. Pasó el sofocón, el Funebrero recuperó la tónica, se adueñó de los tiempos del partido y demostró que, en largos tramos, fue decididamente más que el propio rival. Lo fuimos arrinconando desde el juego, desde la concentración y, sobre todo, desde una actitud que venimos pidiendo a gritos desde hace rato. Es la misma rebeldía que empezó a germinar a partir de Patronato, esa que se plantó firme incluso en la injusta caída con Colegiales, y que hoy nos devolvió el alma al cuerpo.
Y cuando el partido se moría llegó el estallido, la gran alegría, el desahogo absoluto. Minutos antes, a Sanabria le había quedado una muy parecida y no había resuelto como pedía la jugada pero el fútbol da revanchas a los que insisten. Esta vez, picó al vacío con una velocidad letal, le ganó la espalda a su marcador con el corazón en la boca, metió la diagonal y tocó al medio con precisión quirúrgica para que el pibe Zárate aparezca por el fondo, empuje la pelota a la red y grite su primer gol en Primera.
Gol, delirio, corrida interminable y el abrazo de un pueblo entero que está golpeado por la realidad, pero al que nadie le va a prohibir soñar. Cambia todo cuando entra la pelota. Había muy poco de dónde agarrarse y hoy, de repente, la salvación está ahí, al alcance de la mano. Sin embargo, acá no hay tiempo para relajarse. Nada está dicho todavía. Queda la última: cerrar esto de local contra Nueva Chicago. Un partido durísimo, con historia y con un peso propio.
Por eso, un párrafo aparte para los dirigentes: es hora de que la CD mueva las fichas y haga todo lo necesario para que ese partido se juegue el sábado y no el lunes, como insiste ese primer borrador que anda dando vueltas por la AFA.
Sería injusto quedarse con un jugador puntual del partido porque todos tuvieron su parte. Losas con la atención que se requiere el partido, la linea de cinco con Vittor, Acosta y Chaves vitales, Cuello y una entrega que emociona tras un año en el que no le salió nada pero que esta siendo uno de los lideres de esta parte. Melendez que entendió al pie de la letra su funcion y corrio, recupero, marcó y hasta tuvo su chance más allá de la puntería. Alfonso y su desparpajo para desequilibrar y volver siempre con su marcador. Dominguez y la entrega de siempre para un 9 que juega más afuera que adentro del área. En fin un todo.
Lo que queda claro es que con el empuje de los pibes, el futuro ya llegó.



